Ramiro Llona, nació en Lima en 1947. Estudió Arquitectura en la Universidad Nacional de Ingeniería, y Artes Plásticas en la Pontificia Universidad Católica. Su formación artística la continuó en el Pratt Institute de Nueva York. Su talento, que le ha permitido exponer, individualmente, en numerosas galerías de EEUU, Europa y Latinoamérica, ha hecho decir a los críticos de arte que en sus pinturas se advierte una evolución que se inicia en claroscuros de gran violencia expresiva y referencias goyescas, a la asunción de la tela como espacio bidimensional-real y al descubrimiento del color como principio expresivo y estructural de la pintura.
¿Qué fue lo que marcó tu evolución desde del claroscuro a los colores intensos de hoy?
Recuerdo que luego de mis primeros años de formación en la Escuela de Artes de La Católica, empiezo a buscar un lenguaje propio. Trabajé unos cuatro años apasionado con la pintura negra y los grabados de Goya, deslumbrado por el claroscuro de sus obras. Por ello, cuando viajo a Europa, fui en busca de otro pintor de claroscuros que me encantaba: Tiziano. Pero, llegué a una iglesia que tenía el óleo “La Asunción de la Virgen”, recién limpiada, le habían quitado los barnices a la pintura, y me encuentro con un fresco lleno de colores, de iluminación casi frontal; fue ese encuentro con la magia del color de Tiziano y posteriormente con la pintura de Giotto lo que decidió mi tránsito. Entonces, descubro también al Goya de sus enormes retratos con mucho color y mucha fuerza, me gustaron mucho.
Otro pintor que aprecias mucho es Szyszlo ¿Cuán influyente ha sido en tu obra?
En Szyszlo aprecio su arte porque expresa una visión del Perú que se entronca con lo andino. Su generación tiene el privilegio de haber sido guiada por Arguedas, quien puso en evidencia que los problemas estructurales de nuestro país no se han resuelto. Y me pregunto ¿cómo es que las clases dominantes no tienen un sentido de gratitud frente a tanta riqueza cultural que se hereda? En mi caso, me considero un ser privilegiado al haber nacido en este suelo, no obstante rebelarme al saber que no estamos integrados en el imaginario nacional, en la importancia y la necesidad de la cultura. Por ello considero que la emoción de Szyszlo, cuando descubre lo precolombino y la engancha a su obra, hace una simbiosis magistral. ¡Ese fenómeno sólo se hace una vez! Diría que es irrepetible. Considero a Szyszlo mi maestro. Su lenguaje es muy sólido, muy elaborado, y yo encajo muy bien allí. Me gusta lo que hace y me interesa.
Hablemos de tu obra…
Bueno, diría que a mi pintura trato de hacerla bidimensional, incluso rechazo la prescripción del espacio con perspectiva que da una dimensión de realidad. En ello puede haber un lenguaje de representación que me viene de la arquitectura, en ella aprendes a dibujar, a abstraer de la realidad planos, es como si quisiera lograr la abstracción de una idea; eso sí me quedó de la arquitectura: el cómo se describe un espacio. Por ello es que en mi pintura entra la geometría y por ello se piensa que yo diseño los cuadros antes; pero en realidad, no es así. La geometría lo hago al final en las últimas 2 o 3 semanas.
Además, tu propuesta no va con las transparencias, todo lo contrario, son de cubrimiento completo con fuertes colores como el rojo, por ejemplo.
La mayoría de los pintores preparan la tela blanca. Yo empiezo con un color de fondo en la tela, que en realidad está hecha para proteger el óleo, como el rojo que mencionas, y trato que esa primera mancha primaria traiga información, y quede hasta el final como para que se vean las diferentes etapas de cómo se va gestando un cuadro
las ideas (200x250)
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Tu producción, evidencia una capacidad de cambio permanente, tus muestras casi no se repiten, ¿cómo lo logras?
Efectivamente, no repito mis cuadros. Hay pintores que encuentran una imagen temprana en su carrera, y hay de los que son pintores de proceso, cuyos cuadros van cambiando: puedes notar matices en un cuadro que hizo hace 30 años y ya no los encuentras después. Es mi experiencia, cuando ciertos elementos comienzan a repetirse en dos o tres cuadros, hago como unas cosas deliberadas para sacarlas. Es como la obra de un escritor, de quien lees diferentes novelas con diferentes historias (aunque Rulfo decía que hay solo tres temas: la vida la muerte y el amor), pero sabes que es la misma voz. Es un reto que me he planteado. Lo mío es un larguísimo proceso de indagación, puede demorar de seis meses a un año y vuelvo a ellos, pero cada vez me demoro más.
el viaje (tríptico 240x720)
¿Y por qué las grandes dimensiones de tus pinturas?
Desde la primera muestra, he tenido ese deseo de explayarme, es una especie de ambición frente a la tela. El primer cuadro que expuse allá en 1975, yo lo veía inmenso, tenía 170 x 200. Hoy, estoy pintando lienzos entre siete y ocho metros. Hago cuadros grandes en una búsqueda de separación, de distanciamiento. Es algo así como no dejarme parametrar y, en ese proceso, cuanto más espacio cubro, cuanto más grande es el espacio, es mayor la valla del desafío; es como si estuviera buscando ver hasta dónde doy, de qué tamaño soy.
la diferencia (300x325)
¿Tendrá que ver con un estado de inconsciencia?
Parece que sí. Por ejemplo, he advertido que cuando escojo un libro para leer, prefiero al que tenga muchas páginas. Me gusta la lectura de universos totalizadores que te lo cuentan todo y te generan un mundo paralelo a la realidad. Igualmente cuando voy al cine, me gusta sentirme envuelto dentro de la película, por ello para estar casi dentro de ella me siento siempre en las primeras filas.
el retorno al paraíso (300x325)
Hace un tiempo, tuviste una controversia con una galería porque quiso cambiar las reglas de juego en una exposición tuya. ¿Ha mejorado la relación de las galerías con los artistas?
El problema que tuve con esa galería es solo la punta del iceberg de un problema inmenso que vivimos los pintores en el Perú. Con una visión absolutamente patronal, comenzaron a salir expresiones como que ¡las galerías hacían esto para ayudar a los artistas! Y todo este aparato, que en realidad está sostenido por la aparición de una obra, relega al arte, al artista, a un nivel subsidiario. Bajo este esquema, los artistas empiezan a ser piezas intercambiables, piezas desechables. Las galerías se ponen de acuerdo para cambiar porcentajes, no hay reglas, es la entrada del liberalismo económico a caballo que lo único que le importa es que realmente tengas éxitos y que ganes plata. Hay pocas galerías, hay pocos espacios alternativos, hay un par de museos, es difícil encontrar un espacio de exposición adecuado en el que se aprecie en su integridad lo que hacen los pintores.
La manera franca de expresar tus opiniones se advierte también en el plano político, ¿eso empezó cuando eras dirigente universitario?
Sí, el haber sido delegado de la Escuela y haber participado en el Centro Federado me politizó mucho, aunque nunca estuve afiliado, coincidía con Vanguardia Revolucionaria. Fueron momentos fuertes. Así como me destrozó la muerte del Che, me emocionó la figura de Allende y cuando sucede su asesinato, me meto a trabajar en los Comités de Ayuda a los Exiliados. Uno va formando su ideología de la manera que puede y lo que sabe y en eso tuvo algo que ver mis lecturas de Sartre sobre el existencialismo. En fin, estuve muy comprometido, tanto así que me propusieron la Dirección de la Escuela de Arte en Ayacucho. Pero, al final, lo que terminó sucediendo es que comencé a sentir lo político no como una afiliación partidaria sino como algo que tenía que ver con la condición humana, y me doy cuenta que la búsqueda de mi lenguaje no podía estar confinada solamente a una posición política, sino que debía ser como un paraguas, que a la vez incluyera todo lo humano.
¿Es esa elección tuya lo que define tu estilo artístico?
Sí, la política es parte importante de mi vida, pero creo en la complejidad de las artes plásticas, que va más de allá de su encasillamiento como elemento de cambio de un grupo social. En este sentido, reconozco que esa cosa que tengo yo de hacer formatos propuestas, expresan de repente una forma de protesta sintomática: huyo de lo parametrado. Aunque subrayo que aprecio el arte de pintores como Alfredo Ruiz Rosas, un confeso comunista con la decisión de ser un pintor de izquierda. Su pintura me encanta, hay un manejo del dibujo, del color, de la composición que la convierte en una obra vibrante; gracias a dios que Alfredo fue un gran pintor.
Y en relación al actual momento político, ¿qué te ha parecido el debate entre los candidatos Keiko Fujimori y Pedro Pablo Kuczynski
Lo que vi es que a Keiko la han formado estos últimos diez años para ponerla en ese podio, para ser eficaz en un debate, pareciera que la entrenó un director de teatro para que sea efectiva frente al mensaje; pero el discurso de la candidata, anclado en mentiras, me indigna. Quedó claro que PPK no es un buen polemista frente a ella y, aunque hizo bien en sacar en pleno debate el libro de Alfonso Quiroz “Historia de la corrupción en el Perú”, que indica que no somos corruptos porque somos subdesarrollados, sino que es la corrupción la que genera el subdesarrollo, parecía que su discurso estaba dirigido para el CADE, más que buscando el voto de los indecisos. Pero sus ideas me parecieron superiores a las de Fujimori que, cuando decía “no me temblará la mano”, era como escuchar a su padre hablando cuando cerró el Congreso.
¿Cómo te imaginas un supuesto gobierno en caso de ganar Fujimori?
Creo que serían tiempos muy duros. Hay gente que está diciendo que votar por Keiko es por un asunto de gobernabilidad, yo creo que va a ser peor, la calle va a hervir, se va a polarizar aún más; yo sí creo que sería un gobierno autoritario. Lo que me preocupa es por qué hemos llegado a esta situación, que estamos retrocediendo frente a uno de los mejores momentos lúcidos que hemos tenido como país: cuando se enjuicia a Alberto Fujimori; por eso Alberto Vergara dice que estamos atentando contra la memoria. Por ello, no soporto, en el más complejo sentido de la palabra, una imagen de Keiko poniéndose la banda presidencial, es algo que no entra en mi sistema y no solo porque cuando le preguntan de cultura ella habla de turismo, sino por la forma en que defiende a rajatabla a su secretario general cuestionado por la fiscalía, y que pareciera que es un anticipo de un nivel de impunidad que aplicaría y que ni siquiera alcanza para cubrir las apariencias, eso me aterra. Sobre todo en un contexto en que se habla de la posibilidad de convertirnos en un narcoestado. Somos el primer país productor y exportador de cocaína. A ver, para sacar 400 toneladas de coca se necesita meter 40 mil toneladas de insumos al VRAEM, eso tiene que comprometer a todo el mundo, y encima está todo ese nivel de violencia e inseguridad que estamos sufriendo como secuelas del narcotráfico. Entonces, el temor de un narcoestado tiene sustento, no habrá una guerra como en México, porque el Estado aún no interviene, pero nuestro país tranquilamente se puede ir al despeñadero.
ramiro llona en su casa taller foto: tania temoche
DATOS
Entre el 12 y 13 octubre se inaugurarán dos exposiciones paralelas del artista, "El lugar de la pintura. GRANDES FORMATOS" en el MAC de Barranco y "El gesto informado. Obra sobre papel. GRANDES FORMATOS" en el Británico de Miraflores. En total son 44 trabajos de gran formato. Todos de la propia colección de Llona. La retrospectiva comprende trabajos desde 1998 al 2016.
Los conversatorios irán todos los martes de 5 a 7 pm.
Periodista. Egresada de la Maestría Escritura Creativa. Ha publicado poesía, artículos y entrevistas literarias.
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